Emprender y
las capacidades requeridas
Objetivo:
Al finalizar el curso el
capacitando describirá cuales son las
capacidades elementales para emprender
un negocio.
Índice
- Introducción
- Capacidades emprendedoras
- Frenos a la actitud
emprendedora
- Capacidades emprendedoras
claves
1. Introducción
En el acontecer de
este nuevo siglo asistimos a una serie
de cambios y transformaciones que
afectan a muchos ámbitos de la
estructura social o de lo que,
coloquialmente, entendemos como "la
vida".
De este modo,
presenciamos cambios en la estructura
socioeconómica: globalización, apertura
de mercados, supremacía de "lo
económico" sobre otras esferas de la
vida, etc.. También asistimos a
importantes cambios sociales:
envejecimiento de la población,
incorporación de la mujer al mercado
laboral, cambios en la estructura
familiar, etc.. Y, por último, asistimos
a importantes y determinantes cambios
tecnológicos: generalización del uso de
las nuevas tecnologías de la información
y comunicación, globalización de la
comunicación, recorte de las fronteras
espaciales y temporales, etc.
Todos estos aspectos
han dibujado un nuevo mercado de
trabajo, que se caracteriza por su
carácter dinámico y cambiante, con
desequilibrios y transformaciones
continuas tanto cuantitativas como
cualitativas. Nuevas ocupaciones
sustituyen a las tradicionales, la
oferta de profesionales supera a la
demanda en según qué actividades y
valores que hace unos años no eran
tenidos en cuenta hoy son prioritarios.
Cada vez más, los grandes grupos
formales productivos dan paso a pequeños
equipos profesionales y empresas.
Ya no es suficiente
tener sólo unos conocimientos académicos
más o menos actualizados, sino que
aparecen una serie de competencias que
conviene estimular y enseñar desde
edades tempranas: creatividad, trabajo
en equipo, observación, flexibilidad y
adaptabilidad a los cambios, etc.. Hasta
hace sólo unos años, estas competencias
y capacidades se relacionaban
exclusivamente con la figura del
emprendedor o emprendedora. Pero estas
cualidades también son valoradas, cada
vez más, en quienes trabajan por cuenta
ajena, y muchas de ellas se pueden
incorporar en la formación de los y las
trabajadoras por cuenta ajena de
cualquier empresa. Hoy por hoy las
empresas buscan personas con habilidades
sociales y cualidades abstractas como la
capacidad de innovar, responsabilidad
ante las propias decisiones y
actuaciones, facilidad para
familiarizarse con el entorno, capacidad
de toma de decisiones y de trabajo en
equipo, etc..
Del mismo modo, y
aunque no existe un perfil ideal que
describa a las personas emprendedoras,
sí es posible hablar de una serie de
capacidades que las definen y que se
pueden aprender: iniciativa, decisión,
creatividad, asunción de riesgos,
tenacidad, autogestión, etc..
2.
Capacidades emprendedoras
Muchas de las
cualidades que definen a las personas
emprendedoras forman parte de los
distintos procesos de aprendizaje que la
persona afronta a lo largo de su vida y,
por tanto se pueden enseñar y aprender.
Desde edades muy tempranas, se enseña a
niños y niñas, por ejemplo, a saber
formar parte de un grupo o a respetar
unas reglas mediante los juegos o el
deporte. Trabajo en equipo y asunción de
compromisos son dos de las capacidades
que van interiorizar, y que caracterizan
a una persona emprendedora. Otras se
pueden recuperar o desarrollar, ya en
edades adultas, con una formación
adecuada, entrenando y fomentando
determinadas estrategias o habilidades.
Es conveniente que un
emprendedor o emprendedora cuente con
unas cualidades personales y con unos
conocimientos profesionales (no
obligatorios pero sí deseables)
determinados y que, en la medida de lo
posible, debe intentar incorporar,
desarrollándolas por él o ella misma o
sumando al proyecto a personas que
cuenten con ellas. Los conocimientos
profesionales (experiencia en el sector,
conocimientos comerciales, técnicos,
etc.) no son imprescindibles, pero la
persona emprendedora deberá ser
consciente de sus limitaciones para
actuar en consecuencia desde el
principio.
La persona que va a
crear su propia empresa debe, en primer
lugar, estar entusiasmada por su idea,
especialmente si intenta crear un equipo
para ponerla en marcha. Es conveniente
que cuente con un entorno (familiar, de
amistades, etc.) que le apoye, así como
con unos recursos económicos suficientes
para mantenerse hasta que el negocio se
ponga en funcionamiento y produzca los
suficientes beneficios. Por supuesto, no
debe faltar su compromiso y disposición
para trabajar duro.
El hecho de iniciar
una actividad empresarial implica
aspectos positivos y negativos. Es
cierto que se arriesga dinero, aunque la
mayor inversión se realiza en el tiempo
dedicado, y las funciones, tareas y
exigencias pueden llegar a desbordar.
Pero una persona que pone en marcha su
propia empresa genera riqueza, crea
puestos de trabajo, es su propio jefe y
tiene libertad de acción, y además
obtiene beneficios y prestigio.
Quien desee poner en
marcha una empresa debe contar con las
capacidades o cualidades que conforman
el perfil de una persona emprendedora.
El listado que se ofrece a continuación
no pretende ser exhaustivo. Asimismo, es
muy posible que la evolución del entorno
socio-económico haga que, en un futuro
más o menos próximo, el ser una persona
emprendedora requiera nuevas cualidades.
En todo caso, esta relación puede ser la
base para que la persona pueda conocer
con qué puntos fuertes y débiles cuenta
y así establecer las soluciones
adecuadas a sus carencias.
- Creatividad.
- Autoconfianza.
- Capacidad de iniciativa.
- Actitud positiva hacia el
trabajo.
- Capacidad de asumir riesgos y
afrontarlos.
- Predisposición hacia el trabajo
en equipo.
- Tenacidad.
- Expectativas de control.
- Capacidad de organización y
planificación.
- Orientación comercial.
- Orientación al logro.
- Tolerancia a la frustración.
3. Frenos a
la actividad emprendedora
Muchas de las
consideradas capacidades emprendedoras
se van adquiriendo a lo largo de los
procesos de aprendizaje que afronta la
persona. Esto significa que una persona
emprendedora no nace con cualidades y
dotes innatas para ello. Cualquier
individuo de edad adulta, en mayor o
menor número y medida, puede disponer de
ellas porque las ha adquirido a lo largo
de su vida.
Sin embargo, existen
personas con capacidades emprendedoras
que, por ciertos tabúes o por el tipo de
formación o experiencias que han tenido,
jamás se han parado a pensar en ellas ni
se han planteado el emprender como una
opción. Por muchas cualidades que se
tengan, existen actitudes negativas que
ponen freno a la actividad emprendedora:
algunas vienen dadas por el entorno y
otras, de carácter más psicológico,
dependen de la propia persona. Pero es
preciso vencer esos frenos que pueden
impedir que, teniendo las capacidades,
una persona considere el poner en marcha
su propia empresa como una opción
laboral.
Emprender no se debe
considerar, como pudo hacerse en un
tiempo, como un privilegio, una facultad
que sólo podían materializar las
personas que lo heredaban, que disponían
de medios económicos, etc.. “No tengo
ninguna idea de negocio”. “Para
emprender es preciso tener estudios
universitarios, referidos al mundo de la
empresa, y yo no los tengo”. “En mi
entorno familiar nadie tiene negocio
propio”. “Si me hago empresario, todo el
mundo me verá como un explotador”. “Las
mujeres no deben emprender”. La relación
de barreras al emprender puede ser más o
menos amplia dependiendo de la actitud
(y cultura) de la persona que la
realice.
El hecho de que la
persona no tenga una idea de negocio no
es una excusa, ya que es posible lograr
una buena idea para iniciar un nuevo
negocio. Utilizar y desarrollar
actitudes creativas es la clave. Para
profundizar más sobre este aspecto.
4.
Capacidades emprendedoras claves
El perfil “ideal” de
una persona emprendedora es disponer de
un nivel de desarrollo adecuado de todas
las capacidades emprendedoras. Pero esto
no es posible y, además, no todas las
capacidades tienen el mismo peso a la
hora de emprender. Todas son
importantes, pero algunas son la base
del desarrollo de las otras, por lo que
pueden ser consideraras claves.
-
Autoconfianza . La
autoconfianza es la capacidad del
individuo en creer en sí mimo, y en la
posibilidad de conseguir sus metas
personales. La persona emprendedora
tiene que tener confianza absoluta en su
proyecto y en que está preparada para
sacarlo adelante. Va tomar decisiones y
lo tiene que hacer de manera decidida,
sin miedo y confiando en sí misma,
aunque puedan ser erróneas o el
resultado no sea el esperado.
La confianza debe
extenderse también a las personas que
van a formar parte de la empresa. Y es
que esta capacidad (estrechamente
relacionada con la autoestima personal)
se relaciona directamente con algunas
habilidades de liderazgo como la
motivación.
- Orientación
al logro . Se entiende como la
persistencia para conseguir metas y
objetivos personales, en este caso,
emprender un negocio. El emprendedor o
emprendedora tiene que saber dónde
quiere llegar y estar en disposición de
realizar todo lo necesario para
lograrlo. Por eso, esta capacidad se
relaciona con otras como la voluntad de
finalizar correctamente las tareas que
se comienzan, y con la energía vital y
con el entusiasmo, necesarios para
conseguir logros de largo recorrido.
- Asunción de
riesgos . Supone una
predisposición a no evitar situaciones
que impliquen incertidumbre o riesgo
potencial. La persona emprendedora va a
asumir riesgos, pero éstos deben ser
calculados. El proceso de creación de
una empresa no se acomete (o, al menos,
nunca debería hacerlo) de manera
aleatoria. La o el emprendedor ha
analizado el entorno, ha diseñado su
producto o servicio, ha analizado la
viabilidad de su negocio y ha
establecido unos resultados previsibles
para su actividad. Resultará
contraproducente asumir demasiados
riesgos si la realidad lo desaconseja, o
trabajar en un ambiente de total
inseguridad. Por tanto, es necesario
calcular los riesgos de cada decisión
que se tome y, por supuesto, evitar los
que sean innecesarios.
- Expectativa
de control . Se relaciona con
la capacidad de la persona para asumir
la responsabilidad de sus propias
acciones. En ocasiones, la persona
emprendedora puede culpabilizar de sus
propias decisiones a otras personas o
circunstancias. Esto sucede porque su
expectativa de control es externa, esto
es, considera que el resultado de sus
acciones se debe a la suerte o a causas
no relacionadas con su conducta. Pero
realmente es necesario que su
expectativa de control sea interna y
asuma la independencia de sus acciones
con respecto al entorno y la relación
entre su conducta y el resultado.
- Tolerancia
a la frustración . Pude
definirse como la capacidad de persistir
en la conducta encaminada a obtener un
resultado, a pesar de las dificultades o
retrasos que hayan de enfrentarse. Esta
es una cualidad fundamental en la
persona emprendedora, porque va a tener
que enfrentarse a retrasos, dificultades
o imprevistos que le pueden llevar al
desengaño y al fracaso. Es normal que no
todo salga bien a la primera y tropezar
varias veces, pero es necesario saber
afrontar los obstáculos que se pueden
interponer en el camino y perseverar.
- Orientación
comercial . Tiene que ver con
la preferencia por las relaciones
interpersonales laborales, lo que
incluye la capacidad de comunicación y
de obtención de la información adecuada
para lograr los objetivos que se
persiguen, o para la generación de
relaciones de colaboración.
Las habilidades o
competencias más directamente
relacionadas con este rasgo son las que
tienen que ver con las habilidades de
comunicación interpersonal, negociación
y venta. La o el emprendedor no actúa
aislado: el desarrollo de su proyecto,
su puesta en marcha y su crecimiento y
éxito van a depender de las relaciones
que establezca en diferentes ámbitos,
por lo que conviene que tenga facilidad
para las relaciones personales, para la
comunicación y para la negociación. Por
supuesto, debe tener habilidades para la
venta y una fuerte orientación al
servicio a su cliente.
- Trabajo en
equipo . Tiene que ver con
varias capacidades organizativas y de
coordinación, necesarias para lograr los
objetivos planteados. La persona
emprendedora no va a trabajar sola.
Normalmente, contará con otras que
realizarán diversas labores dentro de la
empresa: formarán un equipo que persigue
un objetivo común. La capacidad de
motivar al equipo y de liderarlo, de
organizar y delegar el trabajo será
también fundamental.
Pero el nivel de
desarrollo “óptimo” de cada capacidad
emprendedora clave es diferente. Por
ejemplo, es preciso que el nivel de
tolerancia a la frustración tenga un
límite, porque una persona emprendedora
debe avanzar y no enfrentarse
continuamente a problemas que no le
permiten desarrollar su proyecto. |